La cota interior del local, unos 2,5 metros hundida desde la calle y su gran altura permitieron construir un altillo ligero de perfiles metálicos y madera a la cota de acceso aprovechando la pendiente natural de la calle. El altillo no cubre la totalidad de la planta sino que deja una crujía al descubierto para iluminar el nivel inferior y permitir un espacio a doble altura para actividades polivalentes como presentaciones, exposiciones o construcción de grandes maquetas de trabajo. Una gran escalera que ocupa toda la anchura del vacío comunica los dos niveles. El esquema en planta no puede ser más sencillo: una serie de despachos cerrados adosados al muro e iluminados por los lucernarios existentes y un espacio abierto de trabajo abierto al doble espacio. Las dos plantas repiten el mismo esquema. Los despachos quedan separados el uno del otro mediante unos armarios que ocultan la estructura de pilares de hormigón del edificio, permiten el paso de los conductos de clima y se convierten en grandes contenedores que permiten un uso más ordenado del espacio de trabajo, facilitando el aislamiento acústico. La fachada interior de esta sucesión de despachos y salas de reuniones se conforma a partir del ritmo formado por los testeros de los armarios y las puertas de acceso tratados en solución de continuidad opaca que contrasta con el resto del cerramiento transparente matizado por cortinas interiores. En cuanto a materiales, el altillo se pavimenta con moqueta en losetas de color gris oscuro, para mejorar el confort y acústica del puesto de trabajo, mientras la planta inferior mantiene un pavimento industrial de hormigón tintado en negro. El techo del local formado por viguetas y revoltones de hormigón se mantiene en su estado original pintado de blanco. El uso de un aplacado de madera basta de pino teñida ligeramente de blanco cualifica el local y su uso habitual como encofrado de obra sugiere el uso del local como oficina de arquitectura. Unos grandes lucernarios existentes, amplifican su presencia y su luz mediante unas trompetas de cartón-yeso que se convierten en protagonistas de la intervención. La fachada, construida de nuevo a partir de los grandes huecos originales, enfatiza la horizontalidad del local creando un marco cinematográfico que muestra la actividad interior a la calle de un modo escenográfico. La puerta de entrada al local se produce suavemente a través de un porche que actúa como espacio filtro a la calle y permite un acceso no frontal al espacio de trabajo. Dos grandes librerías, una de ellas a doble altura marcan el inicio y el final de la intervención. Arquitectos: BAAS (Jordi Badia, Marcos Catalán) www.jordibadia.com Fotógrafos: Fotos superiores: Eugeni Pons www.eugeni-pons.com Fotos inferiores: Jordi Framis
Arquitectura online
Espacio de trabajo en una antigua carbonera
La cota interior del local, unos 2,5 metros hundida desde la calle y su gran altura permitieron construir un altillo ligero de perfiles metálicos y madera a la cota de acceso aprovechando la pendiente natural de la calle. El altillo no cubre la totalidad de la planta sino que deja una crujía al descubierto para iluminar el nivel inferior y permitir un espacio a doble altura para actividades polivalentes como presentaciones, exposiciones o construcción de grandes maquetas de trabajo. Una gran escalera que ocupa toda la anchura del vacío comunica los dos niveles. El esquema en planta no puede ser más sencillo: una serie de despachos cerrados adosados al muro e iluminados por los lucernarios existentes y un espacio abierto de trabajo abierto al doble espacio. Las dos plantas repiten el mismo esquema. Los despachos quedan separados el uno del otro mediante unos armarios que ocultan la estructura de pilares de hormigón del edificio, permiten el paso de los conductos de clima y se convierten en grandes contenedores que permiten un uso más ordenado del espacio de trabajo, facilitando el aislamiento acústico. La fachada interior de esta sucesión de despachos y salas de reuniones se conforma a partir del ritmo formado por los testeros de los armarios y las puertas de acceso tratados en solución de continuidad opaca que contrasta con el resto del cerramiento transparente matizado por cortinas interiores. En cuanto a materiales, el altillo se pavimenta con moqueta en losetas de color gris oscuro, para mejorar el confort y acústica del puesto de trabajo, mientras la planta inferior mantiene un pavimento industrial de hormigón tintado en negro. El techo del local formado por viguetas y revoltones de hormigón se mantiene en su estado original pintado de blanco. El uso de un aplacado de madera basta de pino teñida ligeramente de blanco cualifica el local y su uso habitual como encofrado de obra sugiere el uso del local como oficina de arquitectura. Unos grandes lucernarios existentes, amplifican su presencia y su luz mediante unas trompetas de cartón-yeso que se convierten en protagonistas de la intervención. La fachada, construida de nuevo a partir de los grandes huecos originales, enfatiza la horizontalidad del local creando un marco cinematográfico que muestra la actividad interior a la calle de un modo escenográfico. La puerta de entrada al local se produce suavemente a través de un porche que actúa como espacio filtro a la calle y permite un acceso no frontal al espacio de trabajo. Dos grandes librerías, una de ellas a doble altura marcan el inicio y el final de la intervención. Arquitectos: BAAS (Jordi Badia, Marcos Catalán) www.jordibadia.com Fotógrafos: Fotos superiores: Eugeni Pons www.eugeni-pons.com Fotos inferiores: Jordi Framis
Temas similares
>> Recomendar este artículo







[schliessen]