La intervención se ubica en un céntrico local de 400 m2 fruto de la unión de dos bajos correspondientes a dos edificios colindantes. Uno de ellos recoge el zaguán de la escalera de acceso a uno de los edificios complicando el escenario de partida. Una vez ubicada la cocina, se proyectó un local con distintos grados de intimidad que permitiera tanto celebraciones para 150 personas ocupando así, la totalidad del local, como comidas privadas en reservados o simplemente zonas para tomar un aperitivo. Para ello el salón principal, envuelto en madera, más intimo y que puede fraccionarse en tres comedores aislados por cortinaje oculto, se puede independizar del salón de la zona de acceso, más dinámico en el uso y forrado en cerámica metalizada, por medio de grandes puertas correderas de vidrio serigrafiado que se esconden en la junta de los edificios existentes y que desaparecen de la vista cuando están recogidas.
Esa zona de juntas, bajantes y pilares de distinta sección perteneciente a los distintos edificios, se unifica por las jaulas curvas de tuberías soldadas que difunden la luz reflejándola o bien emitiéndola desde el interior. La geometría curva de dichos elementos crea en los salones colindantes la sensación de recogimiento en pequeñas estancias. El local se configura en los paramentos de su interior de la siguiente manera: pared izquierda y suelo en madera, pared derecha y suelo en material cerámico. Son dos “eles” que se unen en los extremos, de esta manera siempre hay un material preponderante en cada uno de los salones. El techo de madera y las “jaulas” unifican el conjunto. El material cerámico de suelo, con colores metálicos y oxidados es idóneo por sus propiedades para el uso intensivo que recibirá. Los elementos de mobiliario se forran en vidrio negro, estableciendo un cierto dialogo con el entorno a través de la suave reflexión que permite el material. Parte de los paramentos verticales se han recubierto con espejos puros o vidrio negro espejado que generan un juego de reflejos de distinto orden que refuerzan la sensación de amplitud antes citada. El vidrio negro al final del espacio desdibuja los límites del mismo transmitiendo una cierta sensación de sosiego.
Se cuidó la iluminación, como elemento constructivo esencial, manteniendo una oscuridad ambiental en el local excepto en las mesas donde la luz se concentra vivamente delimitando un área de intimidad en la zona iluminada, en contraste con la penumbra restante. La iluminación se basa en carriles electrificados donde se disponen los focos en el número que se necesite en cada caso, pudiéndose variar tanto la ubicación como el número. Las lámparas doradas seleccionadas (recientemente incorporadas a la colección del MOMA) están también conectadas a dicho carril. Su objetivo es delimitar espacialmente las mesas dado que la iluminación efectiva corre a cargo de los halógenos de los carriles. Toda la iluminación es regulable en intensidad y ubicación. De esta manera, dispone de la misma flexibilidad de uso exigida por el local.
Arquitectos:
Clavel Arquitectos (Murcia)
Fotógrafo:
David Frutos (Murcia)








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